9 de enero de 2012

Y después de la feria y el cole, la histeria y el miedo; si te da por contar hombros donde llorar van a sobrarte, una mano y seis dedos. No me canso de hablarte, aunque pronto mi voz suene a grano de arroz repetido y desampararte es jugar a los fuegos de azar del olvido. Nada amanece, todo envejece, plancha tu velo de tul. Tal vez mañana a tu ventana llamé otro príncipe azul. Y no sé de qué modo dejar de adorarte, sin duelo entre nunca y quién sabe. Cuando quemes tus naves, no me pierdas las llaves del cielo.

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